Periodista Jennifer Ortiz denuncia a sandinista trabajador de Canal 6 Carlos José Rodríguez Pérez de pederastia

La muy conocida y respetada periodista de Nicaragua Investiga hizo pública una denuncia de abusos deshonestos, pederastia y abusos sexuales que sufrió cuando ella apenas era una adolescente, una hermana y un niño vecino. El abusador Carlos José Rodríguez Pérez es un trabajador del estatal sandinista Canal 6, director de un grupo de teatro ARLEQUÍN, donde tratan de manera directa con niños y niñas.

“Hoy voy a romper un pacto de silencio que hizo mi familia hace casi dos décadas. En los últimos años he vivido una etapa de descubrimiento personal y eso me ha enseñado que para sentirme bien conmigo misma y las cosas que duelen, solo necesito sacarlas del pasado, finalmente enfrentarlas y dejarlas ir”, cuenta la comunicadora.

Agrega “He hecho eso con varias cosas y personas y me he sentido mucho mejor, pero dejé esto casi para el final, porque es de lo más difícil de hacer para mi, y porque también involucra a otras personas, pero hoy voy a contar esto desde mi propia historia, de la cual aprendí que tengo todo el derecho. Hace casi 18 años, siendo yo una adolescente, nacida y criada en una familia bajo extrema pobreza y mucha violencia, mi papá me convocó a un lugar de la casa para reprocharme mi “extraño comportamiento” con mi cuñado, el esposo de mi hermana mayor. Yo había dejado de hablarle, cuando él llegaba corría al cuarto que compartíamos los 6 hermanos y no salía de ahí hasta que él se iba. Semanas atrás había vivido en su casa, con mi hermana, a quien yo admiraba y miraba como una madre”.

Manifiesta “No entraré en las razones por las cuales tuve que abandonar mi casa y llegar a aquella otra, porque es otra historia de agresiones familiares muy larga de contar y hoy quiero centrarme en este episodio, sin embargo yo no tenía opciones, en mi propia casa mi vida estaba en riesgo. Él empezó a tocarme indebidamente, cada noche, en cuanto mi hermana apagaba la luz mi tormento empezaba. Inventé mil excusas para evitar aquello, cambiarme de lugar en la única cama que había y hasta pedir dormir en el piso, pero nada de eso funcionaba. Podrán pensar que era fácil decidir que hacer, pero en la mente de una adolescente, criada de la forma tan restrictiva y violenta en que fuimos criadas nosotras no es algo que sea sencillo. Además de eso, yo adoraba a mi hermana y pensaba en ella, ¿cómo se tomará esto? Yo, casi una niña, pensé primero en ella”.

Detalla que “ Luego supe que no sería correspondida, pero eso ya es parte de su historia, no de la mía. Ella estaba fascinada con su relación y por si fuera poco nadie se imaginaba que aquel hombre que se mostraba amable, sonriente y bromista fuera un abusador. Si volvía a mi casa había una amenaza latente y entonces pensaba ¿Morir o ser abusada? No es algo que sea fácil de elegir. Noté que los tocamientos iban a más. Me sentía sucia, humillada, agredida. Él empezó a hacer cosas para que yo me quedara sola con él, como mandar a mi hermana a hacer mandados, y cuando yo le decía a ella que quería acompañarla él decía que no, porque sino se tardaría más. Así aquella adolescente que yo era, ya de por si marcada por los abusos de una vida familiar bajo violencia vio pisoteada lo poco de dignidad y amor propio que le quedaba. Una noche mientras dormía, sentía sus horribles manos en mi vagina, hacía cosas que hasta hoy me dan el mismo nivel de asco y repulsión y yo estaba ahí impávida haciéndome la dormida y temiendo por mi vida. Me voltée, pero él seguía, y entonces supe que estaba a poco de violarme. Esa madrugada me fui de esa casa, sabiendo que mi padre me había amenazado con “matarme” si regresaba, pero elegí la muerte”.

Detalla que “Cuando llegué a casa, a mi padre ya se le había pasado la ira. Él no se dio cuenta entonces, pero la que llegó ya no era la misma. Desde ese día empecé a tener pesadillas con una sombra oscura que me ahorcaba y no me dejaba ni gritar por mi vida. El día que yo fui convocada por mi padre por aquel reclamo no hice más que llorar y llorar. Mi familia me había reprochado por mucho tiempo aquel comportamiento y lo atribuyeron a mi reciente ingreso a la universidad. Yo era la única que había completado el bachillerato en mi familia y decían que “se me habían subido los humos”, cuando lo que en realidad pasaba era un tormento horrible por mi cabeza. Cuando me atreví a decirle la verdad a mi papá toda su ira se apaciguó, pero su respuesta entonces no es la que esperaba; un abrazo, un beso, unas palabras de apoyo o un “te voy a proteger”.

“Él reunió a toda la familia y nos prohibió hablar del tema, mucho menos contarle a mi hermana. Dijo que ella sufriría mucho de saber aquello, porque su esposo era la razón de su vida. Yo me sentí lanzada al último puesto de las prioridades familiares. Mi madre protestó, dijo que no era justo, que debíamos denunciarlo y enterar a mi hermana, pero mi padre la amenazó con golpearla. Todos fueron más importantes que yo en aquel momento, nadie me comprendió, nadie trató de indagar cómo me sentía, de pronto aquella conversación no era sobre mi, era sobre todos los demás. De hecho, muchas de mis hermanas no me creyeron y dijeron que yo estaba inventando todo, así que siguieron llegando a aquella casa y quedándose a dormir ahí a pesar de mis advertencias”, detalla Ortiz.

“El pacto quedó sellado. Nadie habló, hasta que un día le hizo lo mismo a mi hermana menor y nunca supimos hasta qué punto llegó ese abuso. Ella llegó llorando, histérica, con un ataque de nervios. Cuando yo la vi no necesitó decirme nada, yo le dije: “Te hizo lo mismo verdad” y asintió con la cabeza. Mi hermana menor tiene varios intentos de suicidio y un montón de traumas. Se alejó de la familia y no la juzgo. Yo hice algo parecido. Después de todo no era el lugar en el que me sintiera más segura como se supone debe ser. Luego de aquel otro abuso contra mi otra hermana empezamos a atar cabos y recordamos que un niño, hijo de una señora, amiga de mi papá había denunciado a mi cuñado también porque dijo que intentó tocarlo en sus partes íntimas diciéndole cosas indecorosas. Nunca olvido ese episodio, esa señora se llamaba Juana, su hijo tenía mi misma edad, que entonces serían unos 10 años”, señala.

“Es decir, que este hombre es un pedófilo. Mi hermana se enteró finalmente porque mi mamá tuvo el valor de desafiar a mi padre cuando sucedió lo de la menor, pero no pasó nada. No hubo valoración a nuestra historia. Supongo que es otra víctima de sus circunstancias. Yo no la juzgo ahora aunque por muchos años sí lo hice, ahora trato de entenderla desde su realidad y sus posibilidades. No odio a nadie en esta historia, amo y valoro a cada uno de los miembros de mi familia, y no cuento esto hoy por poner en juicio a ninguno, he entendido las razones de cada quien, solo me apropio de mi historia y la cuento por una necesidad enorme de sacarlo de mi vida de una vez por todas. Hoy te nombro abusador y por primera vez digo tu nombre en público, como debió haber sido hace tantos años: Carlos José Rodríguez Pérez. Hoy te dejó ir de mi vida, nunca mereciste importancia, nunca debí dejar que gobernaras muchos de los sentimientos hacia mi misma ni muchos de los pensamientos y reacciones que tuve ante ciertas circunstancias, sos un abusador y solo mereces mi indiferencia. Viví vos con la carga de lo que hiciste, este peso ya no me pertenece más”, concluye la periodista Jennifer Ortiz.