El exiliado Profesor Álvaro Gómez de Monimbó sobrevivió al Covid-19 y no sabe ni cómo lo contrajo

Con mucho optimismo y esperanzas el profesor Álvaro Gómez, que el 25 de noviembre del año pasado volvió del exilio en Costa Rica, manifestó que Gracias a Dios y a la asistencia de médicos privados pudo superar los síntomas de Covid-19 que comenzaron a preocuparlo desde el 13 de mayo pasado. Tenía una fiebre que estaba arriba de los 40 grados, fuerte dolor de cabeza y una leve tos que fueron los principales padecimientos del monimboseño.

Con cierto temor a represalias, y debido a la cantidad de casos con relación al virus que llegaban sin tregua al Hospital Humberto Alvarado Vásquez de Masaya, lo conllevó a iniciar el tratamiento médico en su propia casa y aislado. Su esposa, quien está embarazada, se encargó de asistirlo con todas las normas para evitar el contagio.

“Desde ese 13 de mayo empeze a padecer fiebre alta, fuertes dolores de cabeza y en el cuerpo, que casi no podía levantarme de la cama, también estuve con tos moderada, estos síntomas me aquejaban día y noche, pero busque apoyo de parte de la Alianza Cívica y me ayudaron con la asistencia médica, una vez que los doctores fueron descartando enfermedades como: dengue, malaria, diabetes y chikunkunya, concluyeron que mis síntomas estaban asociados al virus, entonces de parte de la Alianza me hicieron llegar el medicamento para el tratamiento”, indicó el profesor de 51 años.

El reconocido profesor de Masaya, a quien la dictadura sandinista le mata a su hijo en las protestas de abril 2018, manifestó que no se explica cómo se contagió del virus, ya que prácticamente no salía de su casa, después de los síntomas y confirmación de los médicos, el 16 de mayo, se aisló en su propio hogar.

“Me aísle en un cuarto, evite el contacto con mi hija y esposa, tenía el temor de contagiarla más a ella por su embarazo, aunque ella fue quien decidió asistirme, preocupado por esa situación decidimos que todo alimento, medicina y te naturales, debían ser colocados en una mesa que estaba junto a la puerta del cuarto, en realidad pasé dos semanas de angustia pero tenía la fe en Dios que saldría de esa situación”, comenta el exguerrilero de los años 80.