Dictadura Ortega Murillo quita nacionalidad a 2 españolas que llevan 33 años viviendo en Nicaragua

Por Mercedes Gallego, Corresponsal AFP en Nueva York
La huida hacia adelante del régimen de Daniel Ortega y su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, sigue afectando la vida normal de las personas a diestra y siniestra. El pasado lunes les tocó a dos hermanas españolas que vivían por más de tres décadas en Nicaragua, Ana y María Jesús Ara Sorribas, a las que el Ministerio de Gobernación les quita la residencia legal de la que disfrutaban, dejándolas en el limbo.

“No sé si soy turista, porque si soy turista no puedo ser pensionista, no sé cuándo puedo salir, no sé si tengo que pedir visa cuando salga”, se rascaba la cabeza María Jesús Ara.

El Gobierno las señala a estas dos enfermeras de Barcelona, que tenían 33 años residiendo en Nicaragua y desde su jubilación pasaban la mitad del año en España y la mitad en Nicaragua, de haber organizado un acto político en la catedral de Matagalpa, algo que ellas afirman jamás haberlo hecho de manera contundente.

Después la periodista local Argentina Olivas, “lo que les molestó es que organizáramos el carnaval contra la violencia”, algo que el Colectivo de Mujeres de Matagalpa, del que Ana Ara es cofundadora, lleva realizando 26 años, en concordancia con el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia de Género contra la Mujer, declarado por la ONU en 1999.

“Por mucho que les explicamos que era una cosa internacional que se celebraba en todos los países no lo entendieron”, dijo Olivas. El acto festivo no llegó a celebrarse, porque la Policía se apostó frente a la sede del colectivo y les impidió salir. Al día siguiente comenzó la caza de brujas contra las feministas, que desconoce las mínimas reglas del orden jurídico.

A Ana Quirós la expulsan a Costa Rica, a pesar de tener nacionalidad nicaragüense, algo que legalmente no se puede arrebatar sin un juicio público.

A Ana Ara le suspendieron su proceso de nacionalidad, después de hacerle presentarse el pasado lunes en el Ministerio de Gobernación, junto a su hermana y la ciudadana suiza Beatrice Huber, que estaba de visita en casa de las hermanas catalanas el sábado, cuando entraron cuatro hombres encabezados por el capitán Ortiz, el único que se identificó para citarlas en el tenebroso ministerio.