¿Cómo balancear la alimentación de su hijo a partir del primer año de edad?

Por Dra. Cinthya Martínez Meneses
Pediatra, con Posgrado en Nutrición Pediátrica.
Los niños experimentan un acelerado crecimiento desde el nacimiento hasta el primer año de edad, ya a partir de ese momento, su crecimiento se vuelve un poco más lento pero constante. Durante esta etapa del desarrollo es muy importante un adecuado consumo de proteínas, grasas, vitaminas, minerales, probióticos y prebióticos para que el niño pueda alcanzar un óptimo crecimiento y desarrollo de su capacidad intelectual y defensas para la protección de enfermedades.

Una vez iniciado el periodo de ablactación, gradualmente, se deben ir incorporando alimentos con una textura más gruesa, hasta lograr que entre los 18 y 24 meses el niño coma los alimentos en trozos. Al añadir un alimento nuevo a la dieta debe hacerlo progresivamente y al inicio de cada comida, cuando el pequeño tiene más apetito. Es esencial que el niño lleve una dieta balanceada, que integre todos los grupos de alimentos:

Lácteos. Desde el primer año y hasta los tres años de edad, para formar huesos fuertes y dientes sanos, las necesidades de calcio son muy elevadas. Los lácteos pueden estar presentes en el desayuno y meriendas.

Los lácteos son la principal fuente de calcio en la dieta diaria. En esta edad, las bebidas lácteas de crecimiento fortificadas son mejor alternativa que la leche de vaca, ya que esta última tiene gran cantidad de proteínas, grasas saturadas, menor contenido de hierro y no contiene prebióticos y probióticos.

Un niño menor de 3 años puede consumir leche materna a libre demanda. Del resto de los lácteos, se recomienda que consuma un máximo 500 mililitros diariamente. Es importante no sobrepasar esta cantidad para no aumentar en exceso la ingesta de proteína animal y causar una reducción en el consumo de otros grupos de alimentos.

Proteínas. En esta etapa las necesidades de hierro son elevadas para el desarrollo intelectual y la síntesis de hemoglobina. Las carnes aportan hierro de fácil absorción, proteínas de alta calidad y zinc necesarios para el crecimiento de los tejidos y Vitamina B12 importante para la formación de las células de la sangre y para el desarrollo del sistema nervioso.

Se recomienda el consumo de raciones de 40-60 gramos de carne por tiempo de comida. Cuando se introduzca por primera vez, a partir de 6 meses, conviene empezar con 10 o 15 gramos y aumentar de forma progresiva hasta los 40 gramos al año de edad. Además, se recomienda eliminar la piel de las aves, la grasa visible de las otras carnes, limitar el consumo diario de carnes rojas y de embutidos.

El pescado es también fuente de proteínas de alta calidad, Vitamina B12, yodo, fósforo, hierro, magnesio y selenio. Además, tiene especial importancia por ser la principal fuente de ácidos grasos Omega 3, que son necesarios para el desarrollo del Sistema Nervioso Central y de la retina.

Otra opción en este grupo de alimentos es el huevo. La proteína del huevo, además de ser fácil de digerir, contiene en la proporción óptima todos los aminoácidos esenciales que el organismo necesita, lo que la sitúa como una de las proteínas de mayor valor biológico o que mejor se adapta a nuestras necesidades nutricionales. El huevo aporta además Vitaminas del grupo B, Vitaminas A, D, E, hierro, fósforo, zinc, yodo, y selenio.

Se recomienda un consumo de 3 huevos a la semana, servido en tortilla, pasado por agua o bien cocido.

Legumbres. Son ricas en vitaminas y minerales, carbohidratos, no aportan grasa, son económicas y permiten la elaboración de una gran variedad de platos.

Mezclándolas en puré con carne, pescado o arroz se obtiene platos muy nutritivos y completos para los niños. Se recomienda consumir legumbres, como frijoles, garbanzos, lentejas o guisantes, de 2 a 3 veces a la semana, en raciones de 30 o 40 gramos si van como plato principal o de 20 gramos si van como meriendas.

Frutas y verduras o vegetales. Esta etapa es un buen momento para acostumbrar a los niños al consumo diario de frutas y verduras. La verduras o vegetales, como el brócoli, la zanahoria, el tomate, entre otras, pueden consumirse tanto crudas como cocidas, si se ofrecen crudas al niño deben lavarse muy bien. Lo ideal es jugar con las texturas y los colores de estos alimentos para llamar la atención del niño y que aprendan a comerlos.

Las frutas como el banano, la naranja, la papaya o el mango son una excelente opción para completar meriendas. Las frutas y verduras son fuente importante potasio y magnesio, de vitaminas como la C, la A y B y fibra.

Se recomienda consumir 2 o 3 piezas pequeñas de fruta cada día, eligiéndolas maduras, ya que son más fáciles de digerir. En cuanto a la verdura el consumo recomendado es de 2 o 3 raciones diarias.

Cereales, pastas y tubérculos. Aportan gran cantidad de energía, por la cantidad de carbohidratos que contienen, proteínas de origen vegetal, vitaminas del grupo B y fibra.

Deben formar parte de la alimentación diaria de los niños, se recomienda consumir entre 2 y 4 raciones diarias. Dar los cereales fortificados en papilla son una buena opción. La Organización Mundial de la Salud ha recomendado la fortificación de alimentos, entre ellos los cereales, para aumentar el contenido de micronutrientes en la dieta de los niños que viven en países con un consumo deficitario de estos.

Una buena sugerencia para una alimentación adecuada es seguir la recomendación de distribución de este plato, para el almuerzo y la cena del niño.

Estas son recomendaciones básicas para los retos de la alimentación de los niños en crecimiento. Entendiendo que cada niño es diferente, recordemos mantener las citas de seguimiento con el pediatra o médico general.