Sandinistas asesinan otra persona: ¡José Iván Cruz, otra víctima de la dictadura!

Cuando a algún incauto o insensible se le ocurra decir la barbaridad de que “todo está normal en Nicaragua”, hay que recodarle el nombre de José Iván Cruz Gutiérrez, quien hoy se quitó la vida en un acto desesperado frente a la persecución del régimen de Daniel Ortega.

El hermano de José Iván es el preso político Max Cruz, secuestrado por el régimen desde el 7 de octubre de 2018 en Ometepe, por participar en una caravana de bicicletas contra el régimen. La policía sandinista no sólo lo apresó, sino que disparó siete veces en la pierna de Max. A falta de atención médica adecuada, Max decidió iniciar, desde la cárcel, una huelga de hambre que aún mantiene. Existe riesgo de que pierda su pierna.

Mientras tanto, su hermano José Iván, permanecía en una casa de seguridad, oculto, bajo permanente acecho policial. La presión, el acoso, la falta de libertad, la angustia por la situación de su hermano Max, lo empujaron al suicidio, que es la más desesperada de las acciones que pueden tomar un ser humano.

¡Nada está normal!

Miles de jóvenes y de campesinos siguen dentro de Nicaragua escondidos en casas de seguridad. Me consta porque todos los días recibo mensajes desesperados de muchos de ellos que incluso llevan semanas enteras sin ver la luz. Nunca en la historia de Nicaragua hubo una persecución tan extrema, tan diabólica, tan absurda, contra ciudadanos que simplemente quisieron expresar su voz.

¡Nada está normal! José Iván está muerto, y eso es por culpa del régimen totalitario de la familia perversa en el poder.

Para aquellos que creen que todo está normal, o que incautamente creen que el régimen es una fiera que se puede auto-regular; se equivocan. Este es un régimen destructor que le ha declarado la guerra a sangre fría a todos los que no piensan como los carniceros del Carmen.

No conocía José Iván, pero su decisión de quitarse de la vida me ha dolido profundamente como si fuera un amigo. Conozco tantos jóvenes en una situación igualmente desesperada. ¿Quién soy yo para pedirles paciencia? ¿Quién soy para pedirles que sigan creyendo en una negociación o en un diálogo?

Poco a poco el tiempo se agota; y el régimen comete la estupidez de confundir la apuesta por la paz, con el miedo. ¡Se equivocan! La gran mayoría de la población nicaragüense, ama la paz, pero también ama la libertad. No existe forma humanamente posible de regresar al estatus quo de antes del 18 de abril. Esa normalidad existe sólo en la cabeza ilusa de los que creen que el pueblo se acostumbró a vivir en dictadura.

Como creyente, me siento obligado a seguir orando sin cesar para que los tiranos de corazón duro y sus seguidores engañados abran los ojos. Pido a Dios que reflexionen, antes de que sea demasiado tarde.

¡José Iván, es otra víctima de la dictadura!