Monseñor Silvio Báez recibido con gran algarabía en Miami a como si estuviera en Managua

Báez es una voz crítica contra el régimen de Ortega, llamó a “luchar por un mundo más humano y más justo” y a levantar la voz en favor de la gente que lo necesita

El monseñor Silvio Báez ofició una misa dominical en la iglesia Santa Agatha en la ciudad de Miami, Florida, y fue recibido con algarabía, banderas, pañoletas, globos y atuendos azul y blanco, colores de la bandera nacional, en un lugar donde seguramente no serían los dictadores sandinistas Daniel Ortega ni Rosario Murillo recibidos con tanta alegría por los ciudadanos nicaragüenses.

Fue emotiva esa misa, pues coincidió con el cumpleaños número 61 del líder religioso, destacado por defender a los desamparados y a los más débiles en Nicaragua, y lo hace siempre que puede, señalando a la dictadura sandinista de abusar de su poder.

El sacerdote Silvio Báez va rumbo a Roma en unos cuantos días, ya que el Papa Francisco lo llamó el pasado 23 de abril allá. El religioso es obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua.

Durante su homilía se refirió a Nicaragua como “un pueblo herido por la injusticia, la ambición, la corrupción y la represión indiscriminada”. Y agregó que las heridas del pueblo que ha sido víctima de un poder irracional y opresor van a sanar y “serán heridas de gloria”.

“Me voy a ir de Nicaragua porque me lo han pedido. He dicho que me duele. Me duele porque el pueblo queda crucificado. Yo quisiera decirles a todos en esta asamblea y a mi amado pueblo de Nicaragua en el que nací y el que amo con todo el corazón: ‘Un pueblo crucificado resucita siempre’”, manifestó con la voz entrecortada el monseñor Báez.

Monseñor Báez hizo referencia al rol de la Iglesia de tener las puertas abiertas a la sociedad, y que debe estar al lado de los pobres “sin tener miedo a descontentar a los poderosos, ni pactar con ellos”.

“Si la iglesia tiene las puertas cerradas como podríamos dialogar con el mundo. Cómo podremos tocar a quienes como leprosos son excluidos de la sociedad y de la religión (…). Si tenemos las puertas cerradas como podremos ver las injusticias que se cometen en nuestra sociedad contras las personas más pobres y más débiles”, enfatizó.