Maldiciones y maldades de los Ortega Murillo

Tino Pérez – Para muchos afectados por la represión orteguista, el grado de maldad experimentado es intenso y omnímodo, lo cual hace pensar en un sostenido y pobre proceso evolutivo de los actuales mandatarios.

Algunos historiadores también destacan una maldición de la época colonial que aún flota en nuestro destino histórico por el concepto de gravedad que se le imprimió en ese entonces. Uno de los más célebres estudiosos de nuestras tradiciones, regiones y costumbres, George E. Squier quien estuvo en Nicaragua en el Siglo XIX relata:

“Según la tradición, la antigua ciudad de León fue maldecida por el Papa cuando se enteró del asesinato del Obispo Valdivieso cometido allí por los hermanos Contreras en febrero de 1530. El Obispo asesinado se oponía a la crueldad y opresión que el Gobernador Contreras, padre de los asesinos Hernando y Pedro, ejercía sobre los indios. Fue debido a esa maldición, que la ciudad comenzó a padecer todo tipo de calamidades”.

Finalmente, la erupción del Momotombo en 1610, obligó a sus habitantes a reconstruirla junto al poblado indígena de Subtiava.

Después de 5 siglos, cuando la mayoría de los países de la región han logrado un sostenido avance cívico y moral, el nuestro parece hundirse en la animalidad y el egoísmo a nivel de mando. Se percibe en los OrMu, en sus secuaces, cómplices y seguidores, un incontrolable sentido de maldad y estupidez. ¿Ínfulas de triunfo o resabios de fracaso?

Vale recordar la sabiduría de Gandhi cuando nos dice:

“Si me das fortuna, no me quites la razón. Si me das éxito, no me quites la humildad. Si me das humildad, no me quites la dignidad. No me dejes caer en el orgullo si triunfo, ni en la desesperación si fracaso. Mas bien recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo.”

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