Experto en política Richard E. Feinberg llama a Ortega un político disciplinado y trabajador

Richard E. Feinberg, quien fungió como Asistente especial para Asuntos de Seguridad Nacional del presidente Bill Clinton de los Estados Unidos, y actualmente es consultor en temas de América Latina del Brooking Institution, un influyente centro de pensamiento de Washington, realizó una presentación extensa del análisis sobre la crisis de Nicaragua titulado: “Nicaragua: Revolución y Restauración”.

Tiene una amplia diferenciación con otros analistas y políticos estadounidenses, puesto que el Dr. Richard Feinberg llama la atención sobre la personalidad política de Daniel Ortega y la histórica cadena de conflictos y vicios de la política nicaragüense.

Feinberg es un viejo conocido de Nicaragua que a su vez es profesor de economía política de la Escuela de Estrategia y Políticas Globales de la Universidad de California, en San Diego.

“¿Quién es Daniel Ortega Saavedra?”, se pregunta Feinberg.

“Los observadores pueden estar de acuerdo en que Ortega, de 73 años, es un animal político disciplinado y trabajador; un individuo bastante frío y estoico de pocas palabras y muy pocas amistades duraderas; un oyente paciente que es efectivo en las sumas y la construcción de consenso; y un orador poco inspirador. Ortega es un sobreviviente, que ha soportado el encarcelamiento prolongado y la tortura, mientras mantiene el poder político, de vez en cuando, durante casi cuatro décadas”.

Agrega que “Para sus detractores, Ortega es engañoso y manipulador y se ha endurecido y corrompido con el poder” sin embargo, es más duro con su definición de Rosario Murillo.

“Su esposa y ahora vicepresidenta, Rosario Murillo, de 67 años -inteligente, organizada y de mal genio- estimula la lujuria de su esposo por la riqueza familiar y la autoridad permanente. Para sus leales, Ortega es el líder fuerte y duradero que protege la soberanía nacional, defiende a los desposeídos, protege a los fieles del partido y defiende la revolución”, agrega el analista.

Feinberg señala que “Ortega recuperó el poder como resultado de las elecciones democráticas supervisadas internacionalmente en 2006, reemplazando a los partidos más tradicionales (conservadores y liberales) que habían gobernado desde 1990. Una vez en el poder, el comandante sandinista erosionó gradualmente los controles y balances democráticos, siguiendo el libro de jugadas de retroceso democrático que ahora es muy común en todo el mundo, aunque con características nicaragüenses. Durante la última década, el caudillo nicaragüense ha recorrido un camino desde un demócrata utilitario reacio a un demócrata no liberal (autoritario blando) hasta el autócrata endurecido de hoy”.