Balance de la situación de Nicaragua en el año que finaliza 2018

Se termina el 2018 y se hace necesario hacer un balance de todo lo acontecido durante el mismo, todo lo positivo que hemos vivido durante esta dura jornada iniciada en el mes de abril y también hablar de lo negativo que nos ha dejado el año. El análisis del balance nos debe dar las pistas sobre lo que podemos esperar del año que está por comenzar y acerca de lo que se vuelve imperioso y necesario hacer, por cada uno de nosotros, para que este sea el de nuestra definitiva liberación, la liberación de una dictadura criminal, mafiosa y delictiva, señalada como tal por la comunidad internacional.

No podríamos hacer este balance sin anotar lo que acontecía durante el primer trimestre del año. Se continuaba, aunque ya con algunas dudas, el famoso “Consenso” entre las cúpulas empresariales y el Gran Capital con Ortega, las dudas provenían de la aplicación de la Magnitski Global Act a Robertito José y el cambio de la política del gobierno norteamericano hacia el régimen de Ortega, sin embargo las enormes utilidades en la industria energética, el aumento de las exportaciones de lácteos, carne y otros productos hacia Centroamérica, el crecimiento pronosticado del FMI del 4.7 % y el mantenimiento de las exoneraciones cercanas a los Mil Millones de dólares, aún mantenía la relación viva y con las esperanzas puestas en que en algún momento el comandante cambiaria. Dichas esperanzas se basaban en la suscripción del Memorándum de Entendimiento con la OEA para la “perfección” del sistema electoral en las próximas elecciones. Se hacía poco caso a los continuos señalamientos de la corrupción rampante a todos los niveles en el gobierno y el partido y a las denuncias de los asesinatos cometidos por fuerzas del Ejército y la Policía en La Cruz de Rio Grande contra dos menores de edad. Un presagio de lo que se nos vendría pocos dias después. Eran los meses en que “teníamos” a una de las mejores policías del continente y un Muro de Contención que no dejaba pasar ni moscas a los carteles de la droga, algo que como veríamos después, era una invención muy bien organizada para la exportación. Llevábamos un año del fraude electoral del 2016 y los poderes facticos hablaban poco de eso. Pero…

Pero llegaría el 18 de Abril, una fecha fatídica para el poder porque trastocaría de raíz el orden establecido desde el 10 de enero del 2007. Un cumulo de agravios guardados en la conciencia colectiva de muchos saldría disparado y destruiría lo que afanosamente venían construyendo: una dictadura dinástica, que se preparaba para cederle las riendas del gobierno a Rosario Murillo. Abril sería una dura estocada a estas aspiraciones continuistas, la que se convertiría en mortal, luego de las sanciones norteamericanas. Quizás uno de los factores más positivos de esta jornada, la señora no podrá aspirar ni siquiera a ser concejal de Managua. El mayor de ellos, casi por unanimidad, el despertar de un pueblo que durante años pareció anestesiado a punta de láminas de zinc, chanchos, gallinas y demás programas clientelistas. Atrás quedaban los raquíticos, pero místicos, miércoles de protestas, las marchas bloqueadas a punta de cadenas, garrotes y motorizados de los campesinos anti canal y las reuniones interminables para tratar de construir una alternativa creíble al régimen de Ortega. A partir de Abril, Nicaragua y el mundo verían las mayores marchas ciudadanas pidiendo la salida de los que durante casi cuatro décadas han hecho de nuestro país una hacienda particular. También llegaría el inexorable fin del idilio entre el capital y el poder y la organización a la carrera de una coalición que intenta representar a todo el pueblo opositor. Abril nos regalaría un fuerte y valiente liderazgo religioso, que despejaría las dudas de quienes querían que fuera la Conferencia Episcopal la que asumiera el papel de conducción política. Era la continuidad, en la práctica, de aquel contundente y profético documento del 21 de Mayo del 2014: “En búsqueda de nuevos horizontes para una Nicaragua mejor”, quizás la campanada perfecta que no quisieron oír, ni atender, ni entender. Si lo hubieran hecho, tal vez no estarían en el atolladero en que se encuentran, pero el poder ciega y mucho. Abril nos deja una revitalizada OEA, con el Secretario General que todos deseábamos desde sus tímidos intentos de “perfeccionar” el sistema electoral nicaragüense. Nos deja un régimen con un pie afuera y el otro en el vacío, acosado internacionalmente, aislado y a punto de juzgamiento por una comunidad que ya dejó de tragarse los cuentos del golpe de estado suave. Queda Ortega solo con la razón de las armas, solo con su policía, su ejército, sus paramilitares y su secta partidaria. Sin socios y con algunos pocos aliados, que también, irremediablemente, lo dejaran solo. 

Abril nos deja también exilio, sangre y muerte, nos deja más presos políticos de lo que alguna vez tuvo el somocismo, nos deja crímenes de Lesa Humanidad, nos deja una historia de horror desatada por policías, paramilitares, secretarios políticos, retirados del ejército y del ministerio del interior, políticos fanatizados del orteguismo y cuanto lumpen pudieron reclutar para la orgia espantosa que en el mes de enero cumplirá nueve meses, un doloroso parto de un país destrozado por verdaderos criminales, enlutado y ensangrentado por sus cuatro costados. Jamás, ni en los peores dias de la dictadura de los Somoza, se vio y vivió tanta saña, tantas atrocidades como las cometidas por estos psicópatas asesinos. Las historias de torturas contadas por PJCh en su libro “Estirpe Sangrienta” parecen un cuento de niños a la par de los terribles testimonios que nos ha tocado escuchar de quienes estuvieron presos en el Chipote o en cárceles clandestinas, donde los Chico López, los Gustavo Porras, los Raúl Venerio, los Leopoldo Rivas, los Fidel Moreno y unos cuantos asesinos más, desataron su furia homicida en defensa de un gobierno genocida y enfermo. Lo que no nos cabe duda alguna, es que estos criminales pagarán sus culpas ante tribunales nacionales o internacionales, serán juzgados y terminarán sus tristes dias huyendo o tras los barrotes de las frías cárceles que los esperarán con los brazos abiertos.