Análisis sobre el sandinismo: El fruto de la estupidez

Tras el triunfo de la revolución en 1979, intelectuales de izquierda se presentaron en Nicaragua para alabar el cambio y avalar con premura, “una revolución ejemplar.” La euforia pasó, la realidad asomó y poco a poco, uno a uno, todos esos ilusos desestimaron sus opiniones anteriores. En el mismo seno, se habló de “revolución traicionada”, de “revolución perdida”, y de robolución.

Después del largo proceso de contra revolución, del respiro democrático como secuela del sacrificio desmedido y del fracaso de conducción ejemplar en los gobiernos posteriores, el obstinado comandante se hizo sentir.

El “hombre nuevo” resucitó, la mediocridad se entronizó, la angustia se prolongó y el horizonte amplio se oscureció. Mientras el pueblo en general mira pasar el tiempo con duda y desconfianza, con penurias e incertidumbres fuera de control, el inconstitucional mandatario cierra el puño y ejerce su voluntad.

Este proceso ha sido como una réplica fiel de aquel publicitado film de los años sesenta: “El mundo de los aventureros” donde se describe la radiografía política y el poder de las armas en el ambiente de los gobiernos latinoamericanos.

Los beneficiados de hoy, siguen ciegos, sordos y mudos en ese mundo de los aventureros. Los militares de hoy se hacen cómplices de las ansias desmedidas de poder y los demás, sólo se dejan llevar. Los burócratas abren nuevos negocios con el dinero de los asegurados y los empresarios cabildean en Washington para que todo siga igual ante la amenaza del Nica Act.

Con tristeza y resignación miramos el cortejo pasar, los engaños proliferar y el espíritu humano decaer. Pero allí, en su búnker repleto de barricadas por doquier, está el más obstinado dirigente desafiando la historia, el tiempo y el destino nacional.

Quizás, mientras todos despertamos, sea esa la esperanza final, como la de Aureliano Buendía, esperando algo que nunca va a llegar… y resonará el eco desde atrás: “el comandante ya no tiene quien le escriba.”

¡Búnker, fama, poder, gloria, vanidad y medios materiales son cosas que siempre quedan atrás!

Así estaban las cosas antes de abril del 2018. De repente, los OrMu se volvieron monstruos para el pueblo… generadores de lástima y peligrosamente, generadores de odio. Mientras el sentido común nos da esperanzas por la temporalidad de todo mal, surge un sentimiento patriótico más consciente de nación ante el inevitable amanecer.